Vivimos en un momento fascinante, especialmente ahora que en LLYC celebramos 30 años desde nuestra fundación y dos décadas construyendo confianza en México. Hace poco, conversando con Rodrigo Pacheco en Imagen Radio de México, reflexionaba sobre cómo ha cambiado nuestra profesión desde que empecé, cuando el teletipo y el fax marcaban el ritmo. Hoy, ese ritmo lo dicta la Inteligencia Artificial.
Te dejo el vídeo de la entrevista con mi compañera Blanca Juana, Directora General de LLYC en México. Y, también, unas ideas clave par que te quedes con lo importante:
- El nuevo tablero del Dual Marcomms: la comunicación ha mutado. Ya no sólo tenemos que tener en cuenta a las personas. Las máquinas se han convertido en un stakeholder más en el que debemos incidir si no queremos ser invisibles. Los grandes modelos de lenguaje (LLMs) son ahora los intermediarios y nuestro reto es aprender a «hablar» con ellos para incidir en la conversación.
- La analogía del avión: responsabilidad y confianza: muchos me preguntan si la tecnología reemplazará el talento. Mi respuesta es siempre la misma: aunque la tecnología permite que un avión vuele solo, nadie se subiría a uno si no hay dos pilotos en la cabina. La IA genera contenido a una velocidad vertiginosa, pero alguien tiene que firmar esa información, aportar el contexto estratégico y asumir la responsabilidad. Porque el mayor artículo de lujo en esta era de “hiperautomatización” es un humano competente y confiable.
- No podemos heredar sesgos: la IA se alimenta de datos históricos y, por tanto, hereda nuestros errores. Así lo revelamos en nuestro último informe de igualdad, “Espejismo de la IA”, en el que animamos a desafiar a la IA para cambiar la realidad. Porque si la realidad no cambia, las respuestas tampoco. Como líderes, tenemos el deber de intervenir, de corregir estos sesgos y asegurar que la tecnología refleje la sociedad diversa y equitativa que queremos construir, no la del pasado.
Para avanzar hay que tener el coraje de desaprender para aprender de nuevo. La IA es una herramienta de una potencia brutal, pero el motor insustituible sigue siendo el corazón y el criterio humano.
¿Estamos preparados para ser los pilotos que este nuevo mundo necesita?