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Las reglas que han gobernado el mundo y garantizado nuestra estabilidad durante los últimos setenta años están en claro declive. Hoy, los directivos y líderes empresariales nos enfrentamos a un escenario inédito: la consolidación de un mundo multipolar que, paradójicamente, es cada vez menos multilateral. 

En LLYC llevamos treinta años acompañando a las organizaciones y hemos querido reflexionar sobre cómo navegar esta extrema incertidumbre y prepararnos para el futuro.

Si algo nos han dejado claro los expertos con los que hemos dialogado en UNO, es que la supervivencia en los negocios ya no depende de reaccionar, sino de anticiparse. Para dominar los momentos de la verdad del mañana, debemos dominar tres grandes ejes.

  • La geopolítica debe estar en tu cuenta de resultados 

De la mano de José M. de Areilza hemos visto que, durante tres décadas, el gran objetivo global fue la prosperidad, pero hoy ese modelo ha cedido su sitio al imperativo de la seguridad y la resistencia. Asistimos a una mentalidad de «suma cero» impulsada por la nueva guerra fría y la confrontación por la hegemonía global entre Estados Unidos y China.

Esta rivalidad transforma las antiguas redes de cooperación. Como nos explica Pol Morillas, interdependencias globales como el comercio, las migraciones o la tecnología (como los semiconductores) se están instrumentalizando y se utilizan hoy como armas de presión geopolítica. Frente a esto, regiones clave como Europa y América Latina comparten el reto de diversificar sus alianzas y, como señala Luisa García, deben aprender a ser estratégicamente más «polígamas».

Pero el mayor cambio de paradigma es para las empresas: según advierte Morillas, hay que «darle la vuelta al binomio mercado-geopolítica». Este factor ha dejado de ser secundario y debe estar en el centro de la cuenta de resultados. Para lograrlo, Areilza destaca que los directivos necesitan desarrollar una nueva «agilidad» en su diagnóstico, aprendiendo el lenguaje de la geopolítica para anticipar los riesgos, ya que los mejores líderes serán los que se sientan cómodos viviendo con más incertidumbre.

  • El «piloto humano» en la era de la sobreopinión y la IA 

Gracias a la conversación que tuve con mis colegas Pepa Bueno y Daniel Innerarity vimos que otro de los grandes desafíos que enfrentamos es la disrupción tecnológica y la crisis de la verdad. Creíamos que la democratización de internet y la eliminación de intermediarios nos harían libres, pero nos han sumergido en un mercado cognitivo desregulado y caótico. Como bien señala Pepa, no estamos en la era de la sobreinformación, sino en la era de la sobreopinión, donde cualquier dogma personal intenta imponerse como información veraz.

El algoritmo ha decidido entrar en política, encerrándonos en burbujas de confort ideológico que cosifican a quien piensa distinto y amenazan la convivencia. El concepto imperante en Silicon Valley de «romperlo todo» choca frontalmente con la necesidad de gestionar la complejidad de las personas y de la propia democracia.

A esto sumamos la irrupción de la Inteligencia Artificial. Estas herramientas son asistentes invaluables que nos permiten ganar tiempo y optimizar procesos, pero exigen límites y supervisión. 

A mi me gusta usar el símil de la aviación: los aviones modernos hace años que están preparados para volar solos, pero seguimos exigiendo un piloto humano que se responsabilice si algo falla. En el periodismo clásico y la comunicación corporativa ocurre igual; el futuro exige profesionales humanos con criterio, que contrasten las fuentes y se jueguen su prestigio firmando la información.

  • Un nuevo paradigma de liderazgo con propósito 

Finalmente, para navegar este desorden no basta con adaptar la estrategia corporativa; debemos cambiar nuestra narrativa. Gracias a la contribución de Gabriela Ramos vemos que, durante décadas, nos hemos movido bajo una visión que reduce el éxito al crecimiento del PIB y a la eficiencia ciega de los mercados, ocultando profundas desigualdades y la degradación ambiental.

Necesitamos recuperar nuestra agencia ciudadana y exigir que la innovación y la tecnología estén al servicio de resolver desafíos colectivos, no de ampliarlos. Esto requiere un nuevo perfil de líder: uno que huya de las certezas absolutas, que abrace la evidencia y que entienda la empatía y la deliberación inclusiva como herramientas eficaces para diseñar soluciones más justas.

En definitiva, el mundo del futuro será una lucha cada vez más exigente contra los límites de nuestra propia inteligencia. Como proponemos desde nuestro programa Partners for What’s Next, nadie puede recorrer este camino en solitario. Necesitamos aliados estratégicos que nos ayuden a hacer periodismo y comunicación para comprender el mundo, no para temerlo.

Alejandro Romero

SOCIO Y CEO GLOBAL EN LLYC Experto en comunicación corporativa financiera, comunicación de crisis, litigios, marketing, comunicación Online y consultoría estratégica.